En un mundo cada vez más urbano, tecnológico, virtual e interconectado, asistimos paradójicamente, a la contemplación de una especie de decadencia de las relaciones personales. La ciudad sin fin indaga en las emociones y sentimientos de un ser humano aislado, solitario, con cierta inclinación a la melancolía que, posiblemente, sueña con un mundo mejor. Hay un espíritu romántico en cada uno de los rostros; una necesidad de búsqueda permanente de sí mismos y de rechazo a lo convencional.
Esta exposición recoge, a modo de retrospectiva, las distintas líneas de mi obra plástica: Por un lado, la parte figurativa con una marcada influencia expresionista y, por otro lado, la parte abstracta, más cubista.
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